«LA VELÁ», UNA TRADICIÓN DE ANTAÑO RECUPERADA EN LAS JORNADAS DEL AZAFRÁN

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La escasa vida de la rosa del azafrán, después de ser cortada, que exige que se extraigan sus estambres dentro de las 24 horas siguientes al ser separadas de su tallo, dio lugar en Madridejos, y en otros lugares donde se da este cultivo a la tradicional «velá».

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La «velá» era y es, ese momento que se lleva la noche estando en vela los mondadores y mondadoras del azafrán sobre la mesa, pelando la flor, entre charlas, principalmente de corte social.

Las XIII Jornadas del Azafrán de Madridejos han vuelto, un año más, a recrear la «velá», gracias a sus vecinas, en las noches del pasado sábado y domingo, durante la celebración de estas jornadas que se cerraron, ayer viernes por la noche, con el Primer Encuentro de las Letras en Madridejos.

José Luis Romero Rosell, cronista del azafrán por excelencia en estas Jornadas del Azafrán de Madriddejos, explicaba en qué consistía la «velá», a Manxa Digital.

«La velá es tradición en Madridejos desde 1830 cuando el municipio contaba con 1500 hectáreas de azafrán, y las familias se tenían que quedar hasta las tres, las cuatro, las cinco y hasta las seis horas de la madrugada a mondar la rosa, porque era mucha cantidad la que se tenía que pelar en el día».

La rosa del azafrán si no se mondaba se estropeaba, y si había llovido ese día en el campo la cosa se complicaba, y se debía mondar con doble razón: por su escasa vida, los pétalos se marchitan muy aprisa y debe mondarse cuanto antes y porque los pétalos si se habían mojado, era más difícil aún abrirlos para extraer el azafrán.

«Con candil, velas y con el quinqué se ha mondado rosa en Madridejos en mesas largas, donde se ponían dos o tres quinqués, y allí acudían los novios a echar el clavo a la novia para poder verla. Los dos echaban el clavo del azafrán en el mismo plato», explicaba José Luis Romero.

Las casas se convertían en auténticos foros de encuentro social donde las familias se reunían hasta llegar a encontrarse las 30 personas, que ayudaban al dueño del azafranal a sacar su producción adelante.

«Los hombres iban a coger rosa por la mañana con el productor, y si iban por la noche a mondar rosa, el ayudante cobraba en especie su parte dividida tres; el que no iba a coger rosa se llevaba su parte de azafrán mondado dividido en cuatro partes», contaban Romero Rosell

La «velá» también incluía el tueste del azafrán, de quien era encargada la dueña de la casa quien lo hacía con el brasero de picón, habiendo en algunas casas dos braseros de picón o dos ciazos.

La crónica social era el punto fuerte de la noche, se hablaba de los novios de las novias, si se casaban si se dejaban, sin las familias habían reñido o se decía: «con el dinero que se saque del azafrán me voy a comprar un abrigo bueno», la política también era uno de los tema de conversación.

La llegada de la radio llegó a ser un reclamo para reunirse en la «velá», para enterarse de lo que decía la radio, y es que los vecinos de Madridejos estaban muy interesados en conocer las noticias del día.

«Me acuerdo que con teniendo yo 13 años el tío Cano se compró una radio y en su casa se reunían entre 15 y 20 personas para escuchar las noticias y el fútbol».

Las «velas» también servían para degustar los dulces que se hacían en la casa y las castañas que se asaban, propias en esta época de otoño, todo en un clima de fraternidad entre todos los que se reunían, que según José Luis Romero Rosell, «era una vida distinta a la de ahora, una vida más sencilla».

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