EL MADRIDEJENSE JESÚS GARCÍA GARCÍA FUE INVITADO A LA INAUGURACIÓN DEL MONOLITO HOMENAJE A LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS EN MADRID

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Jesús García García junto a su esposa el día de la inauguración

Jesús García García, es biznieto del hermano del fraile franciscano, Fray Cándido Gómez-Carreño Peña, que resistió en la Parroquia de San Luis de Baler 337 días con medio centenar de soldados españoles.

Fray Cándido Gómez-Carreño Peña estudió humanidades en el colegio de los Padres Franciscanos de Consuegra e intervino activamente en la inundación de 1891 que sufrió el municipio consaburense.

Los sitiados estuvieron en la Parroquia de San Luis de Baler, una iglesia parecida a la de San Francisco de Madridejos, con una distribución similar, porque las construcciones franciscanas conservan todas la misma estructura.

Murieron en el asedio el capitán don Enrique de las Morenas de Fossi, el Teniente don Juan Alonso Zayas, el Reverendo Padre don Cándido Gómez-Carreño Peña y 14 soldados.

Actualmente los restos del fraile están depositados en el Mausoleo de los Héroes de Cuba y Filipinas del cementerio de La Almudena de Madrid.

El madridejense Jesús García García asistía el pasado 13 de enero en Madrid a la inauguración del monolito homenaje a “los héroes de Baler” al que asistió el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida y distintos mandos del Ejército español, por ser  biznieto del hermano del fraile Fray Cándido Gómez-Carreño Peña.

El acto se celebraba en el distrito madrileño de Chamebrí, en la Plaza Conde Valle de Shuchil donde acompañó al alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida,  al jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME), Francisco Javier Varela y al  vicecónsul de Filipinas, Ralf G. Roldan, adonde también acudieron otros representantes de cargos políticos y familiares de los asediados en la Parroquia de San Luis de Baler.

“Tuve el honor de conocer a otros parientes de “los últimos de Filipinas”, pues al acto invitaron a todos los descendientes de los españoles que compartieron el asedio, tanto de los que salieron vivos como de aquellos que sacaron sus restos”, explicó el sobrino biznieto del Padre Cándido Gómez Carreño-Peña a Manxa Digital.

Otra de las anécdotas que cuenta el madridejense Jesús García, es que los habitantes el pueblo de Baler tenían especial aprecio al destacamento y durante su asedio intentaron convencerles de que Baler no pertenecía a España, pues España había entregado el territorio a EE.UU.

El acto de inauguración del monumento consistió en descubrir una estatua del Teniente Martín Cerezo, colocado sobre un pedestal donde se encuentran los nombres de todos los asediados, tanto muertos como supervivientes, a ambos lados del pedestal.

“He de comentarte que en esta larga lista de nombres, mi pariente Fray Cándido Gómez-Carreño Peña se encuentra en cuarto lugar en uno de los laterales, casualmente, porque los nombres no se han escrito  por orden de preferencia o importancia de este medio centenar de españoles que aguantaron valientemente en la iglesia de Baler,  en respeto a España y defendiendo su patria”.

Jesús García García ha informado que este destacamento, el de “los últimos de Filipinas”, se estudia desde principios del siglo XIX en todas las Academias Militares, incluso en las Academias Militares Américanas, como ejemplo de lo que puede resistir una guarnición casi sin armamento y comida, con la debida disciplina militar.

Desde diciembre de 1898, con la firma del Tratado de París entre España y Estados Unidos, se ponía fin formalmente a la guerra entre ambos países (que habían firmado un alto el fuego en agosto) y España cedía la soberanía sobre Filipinas a Estados Unidos. Debido a esto, los sitiados en Baler son conocidos como los últimos de Filipinas, por resistir a este tratado, que ignoraban y dudaban de que se hubiese producido.

“Ellos no se lo creían, les llevaron entonces el periódico “El Imparcial” de Madrid, donde aparecía la noticia de que Baler ya no pertenecía a España, pero no se lo creían… y ellos continuaron empecinados en su asedio”.

Jesús García García añadía que era complejo para ellos entender que su Gobierno (el español) hubiese vendido a los extranjeros Filipinas y que además les hubiesen dejado a ellos abandonados.

Fue difícil que saliesen y el motivo que les hizo salir fue que llegó otro enviado español, de los muchos que llegaron para convencerles,  con más periódicos, cuando el Teniente Martín Cerezo, entonces al mando de la guarnición,  en los ecos de sociedad de el periódico “El Imparcial” de Madrid leyó una crónica sobre el traslado de un teniente amigo suyo desde Madrid a Málaga.

“Este teniente compañero de promoción del Teniente Martín Cerezo le había comentado este hecho antes de que marchase a Filipinas a quien dijo: ´cuando me case pediré el traslado de Madrid a Málaga´, y este era el hecho que se relataba en El Imparcial”

La lectura de esta crónica fue la que convenció al Teniente Martín Cerezo de lo que venía escuchando casi un año atrás, que no le convencía ni a él ni a sus soldados, el hecho de que Filipinas había sido entregada a EE.UU.

“Esta crónica le hizo reflexionar y cambiar de postura, comunicando y convenciendo a “los últimos de Filipinas”, que era verdad que estaban en territorio extranjero y no español defendiendo una de sus islas como parte de España”.

SEGUROS PALALAS 

C/ Teniente Infante 2 (Madridejos)

Avda. Castilla La Mancha 30 (Villafranca)

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La salida de los últimos de Filipinas del sitio de Baler

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El Teniente Martín Cerezo pidió salir de la Parroquia de San Luis de Baler al Gobierno de Manila, pero no como prisioneros sino desfilando como héroes; para ello destruyeron antes las armas y  con la bandera española y escoltados hasta Manila por distintos destacamentos filipinos salieron del sitio de Baler, dejando la Parroquia de San Luis.

Después fueron atendidos en hospitales, se les homenajeó en un casino de Manila, les vistieron con ropas nuevas, les hicieron la foto de rigor,  y el Gobierno español fletó un barco que los llevó a España. Más tarde llegaban a España los restos de los soldados muertos en la Parroquia de San Luis, durante el asedio.

MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ DE LA ASUNCIÓN UN EXPERTO INVESTIGADOR DEL SITIO DE BALER

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Jesús García García lee el libro de Miguel Ángel López para documentar este artículo

El madrileño Miguel Ángel López de la Asunción es un especialista en la gesta de Baler y ha escrito un libro sobre “Los últimos de Filipinas”, en colaboración con el maquetista y miembros del cuerpo de sanidad militar Miguel Leiva Ramírez (ceutí).

Se trata de un libro muy documentado del que Jesús García tiene un ejemplar con  tres sellos: el del Gobierno Revolucionario de Filipinas, el de la Parroquia de San Luis de Baler y el del Batallón de Cazadores Expedicionarios número 2 que fueron los supervivientes, los conocidos como “los últimos de Filipinas”.

Miguel Ángel López de la Asunción ha tenido contacto con la familia de Jesús García García, interesado por la familia del madridejense para ampliar su estudio sobre “los últimos de Filipinas”.

El libro contiene un importante complemento gráfico al estudio del sitio de Baler, con decenas de fotografías de las que solo se encuentra una del fraile que se obtuvo de una revista franciscana de julio de 1949. El libro que posee Jesús García García es la segunda edición, publicada en 2016, de la colección ATAMAN de historia militar.

“Aquí encontramos un facsímil de la carta del Padre Cándido a Juan de Dios Villajos en la que expone la situación en Baler, previa a la del destacamento del Teniente Motta”, lee Jesús García García haciendo un repaso al libro durante la entrevista.

El Padre Cándido Gómez-Carreño Peña también trató con un destacamento anterior al de los últimos de Filipinas que dirigía el Teniente Motta, destacamento que murió casi íntegro a machete, excepto el Teniente Motta, que ante la emboscada se suicidó, cuenta el madridjense.

“Este destacamento no se encontraba dentro de la Parroquia sino en cuarteles fuera de la iglesia, que eran una especie de cabañas de palma y de bambú, que recibieron a los insurrectos que llegaron desde el centro de la selva, entrando  en ellas y asesinando a los soldados”.

Después de lo ocurrido fue cuando llegaron “Los héroes de Baler”, quienes ante las primeras circunstancias vividas y teniendo en cuenta lo ocurrido con el destacamento del Teniente Motta,  eligieron entrar en la iglesia para estar más protegidos,  y evitar incendios o entradas inesperadas de los insurrectos a las cabañas, donde al principio se instalaron,  como les ocurrió a sus antecesores.

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“Los últimos de Filipinas: 337 días de asedio”

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Escultura del Teniente Martín Cerezo sobre el monolito que recoge los nombres de «Los últimos de Filipinas»

Baler está ubicado en el noreste de la isla de Luzón en Filipinas, allí se encontraba la parroquia de San Luis de Baler, donde se produjo el asedio de los últimos de Filipinas.

Fray Cándido Gómez-Carreño Peña llegó a la isla de Luzón en Filipinas, en marzo de 1893. Durante el primer año estuvo en el convento de San Francisco de Intramuros, ubicado en Manila,  y después le destinaron a la isla de Polillo, donde estudió tagalo para evangelizar en el idioma de los filipinos.

Cayó prisionero el fraile de los insurrectos en el ataque a los prisioneros del anterior destacamento y habiendo posteriormente una amnistía le pusieron en libertad regresando a su parroquia de Baler.

Cuando comenzó el asedio en la Parroquia de San Luis de Baler, se encontraban más de medio centenar de soldados además del fraile madridejense, Fray Cándido Gómez-Carreño Peña, entonces párroco, quien compartió este asedio junto con casi medio centenar de soldados y  con el Teniente Martín Cerezo.

Cuando se protegen de los insurrectos en la Parroquia de San Luis de Baler el fraile ya había adquirido 60 cavanes de arroz con los que pudieron alimentarse durante un tiempo, porque dentro de la iglesia murieron muchos siendo enterrados en la misma, y los que supervivieron terminaron comiendo todo lo que se movía.

Numerosos soldados murieron por el Beriberi, enfermedad que se produce por la deficiencia de vitamina B1 (tiamina), entre ellos el Padre Fray Cándido Gómez-Carreño Peña.

“Lo peor del asedio fue esta enfermedad que gracias a que comían las hojas verdes de las calabaceras silvestres se consiguió que se recuperasen del beriberi, temporalmente, algunos soldados”.

Al parecer esta medicina natural fue descubierta por el Teniente médico Rogelio Vigil de Quiñones Alfaro.

“Hubo muertos de bala en el asedio, pero cabe decir que murieron más personas por la enfermedad del beriberi que por ser asesinados por los insurrectos”, indicó Jesús.

Murieron allí el Capital Enrique de Las Morenas de Fossi, el Teniente don Juan Alonso Zayas, el Reverendo Padre don Cándido Gómez Carreño y 14 soldados.

Víctima del beriberi y afectado por un catarro intestinal murió y fue enterrado en el interior de la iglesia, en el lado derecho del presbiterio, contando con 29 años de edad y habiendo vestido 13 años el hábito de franciscano.

Sus restos fueron exhumados el 9 de noviembre de 1903 y repatriados a España junto a los de los militares fallecidos durante el sitio. Los restos fueron depositados en el panteón de Nuestra Señora de Atocha en Madrid pero finalmente acabaron en el Mausoleo de loa héroes de Cuba y Filipinas del cementerio de La Almudena.

Fray Cándido nació el 1 de diciembre de 1868 y murió el 25 de agosto de 1898, con 29 años de edad.

Distinciones tras el regreso a España

A los dos últimos supervivientes que llegaron a  España como soldados se les nombró Tenientes Honoríficos del Ejército, nombramiento que recibieron en Santa Cruz de Tenerife en el año 1946. Estos dos valientes cuando llegaron a España no siguieron en el ejército  y años más tarde recibieron este nombramiento.

Saturnino Martín Cerezo, uno de los últimos de Filipinas, se jubiló como General Honorífico.

En la iglesia de San Francisco de Madridejos se encuentra una placa dedicada a este franciscano madridejense, miembro de “Los héroes de Baler”,  junto al nombre del obispo de Cebú Fray Benito Romero García, considerados ambos hijos ilustres de la Villa de Madridejos desde el año 1978.

La película que cambió de orden religiosa al fraile

En el año 1945 se estrenó en España una película sobre “Los últimos de Filipinas”,  donde Fray Cándido Gómez-Carreño Peñaaparecía representado como una persona de avanzada edad y de la orden de los dominicos, hecho que molestó a la abuela de Jesús García García, quien pidió que se corrigiese tal error, petición que no fue atendida, ya que el régimen era la voz y el voto de la época.

La familia pensó que este cambio sustancial que dieron a su pariente pudo ser porque por entonces las películas eran en blanco y negro,  el hábito blanco y negro quedaba más estético que solo en negro (marrón a vista natural) , lo que no se explican es por qué se le puso en edad avanzada cuando el fraile murió con 29 años a causa del beriberi.

“Esta fue una película simbólica gestionada por el régimen franquista en la que posiblemente se quiso dar a entender que en plena Segunda Guerra Mundial España, en la que España apoyó a Alemanes e Italianos, la nación Española sería capaz de soportar la presión de EE.UU, igual que hicieron los últimos de Filipinas”, dice el madridejense.

La película de este fraile madridejense, que estudió Humanidades en el colegio de los Padres Franciscanos de Consuegra, puede encontrarse en Filmoteca Nacional.

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Pérdida de fotos por la familia

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Foto de una revista franciscana del año 1949

La familia cedió un par de fotos que tenía del fraile, una con dos franciscanos más,  y otra en la que se encontraba solo para que se publicase en un reportaje sobre “Los últimos de Filipinas” en el periódico “Tierra Llana”,  que se repartía en Madridejos. El reportaje no se llegó a publicar y las fotos se perdieron en la imprenta donde se imprimían las ediciones de “Tierra Llana”, en Álcázar de San Juan.

La familia lamenta esta pérdida porque hoy no cuenta con fotos de su descendiente, uno de los madridejenses más venerados y conocidos en el municipio con historia propia,  una historia digna de conocer de un misionero que se marchó a predicar a Filipinas y murió defendiendo a España en un asedio, creyendo en Dios y su patria.

Jesús García García lo que sí conserva es el breviario que tuvo el Padre Fray Cándido Gómez-Carreño Peña cuando estuvo de seminarista en Pastrana y después en el convento de los Padres Franciscanos de Consuegra, donde destacó por su intervención en la inundación de Consuegra del año 1893.

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