LOS VECINOS DEL BARRIO DE SAN ANTÓN INVITAN A MADRIDEJOS A LA EUCARISTÍA QUE SE CELEBRARÁ EL DOMINGO POR LA TARDE

Los vecinos de barrio de San Antón en Madridejos invitan a los vecinos/as de la localidad a la Eucaristía que en nombre del patrón de los animales se celebrará el domingo por la tarde en la iglesia El Divino Salvador de Madridejos a las 19.00 horas con aforo hasta el 40%.

Según han informado a Manxa Digital fuentes de los vecinos del barrio, este año quedan suspendidos todos los actos debido a la situación sanitaria y al encontrarnos en nivel 3 y solo se celebrará el acto religioso de la Eucaristía, pero no se celebrará ni la procesión, ni la bendición de animales.

También ha quedado para cuando la fecha de los días 16 y 17 de enero coincidan con mejores condiciones sanitarias el tradicional concurso de mascotas, la hoguera y la invitación a pastas y a limonada.

Por acuerdo del conjunto de vecinos este año tampoco se han vendido papeletas para la rifa del cerdo y del queso que se hace habitualmente todos los años de la que se obtiene la recaudación para atender las necesidades de la ermita ubicada en la calle Virgen de la Gracia en el barrio de San Antón.

Por ello, la recaudación del cestillo de la misa del domingo 17 de enero, día de la onomástica del santo, irá a parar a los vecinos que se encargan de pagar las cuentas de la ermita, sobre todo el pago de luz.

En el último año gracias a lo recaudado en varios años con la venta de papeletas, que este año no se ha hecho por la situación sanitaria, se ha conseguido restaurar el tejado de la ermita.

Las fuentes consultadas han querido puntuar que el santo estará a lo largo de todo el domingo en la parroquia presidiendo todas y cada una de las misas que se celebren y por si se quiere visitar, aunque la misa dedicada al santo patrón de los animales sea la de las 19.00 horas.

VOCACIÓN DE SAN ANTONIO ABAD

Foto: ACI PRENSA

Cuando murieron sus padres, Antonio tenía unos dieciocho o veinte años, y quedó él solo con su única hermana, pequeña aún, teniendo que encargarse de la casa y del cuidado de su hermana.

Según escribe San Atanasio, habían transcurrido apenas seis meses de la muerte de sus padres, cuando un día en que se dirigía, según costumbre, a la iglesia, iba pensando en su interior «los apóstoles lo habían dejado todo para seguir al Salvador, y cómo, según narran los Hechos de los apóstoles, muchos vendían sus posesiones y ponían el precio de venta a los pies de los apóstoles para que lo repartieran entre los pobres; pensaba también en la magnitud de la esperanza que para éstos estaba reservada en el cielo; imbuido de estos pensamientos, entró en la iglesia, y dio la casualidad de que en aquel momento estaban leyendo aquellas palabras del Señor en el Evangelio:

Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo».

Entonces Antonio, como si Dios le hubiese infundido el recuerdo de lo que habían hecho los santos y con aquellas palabras hubiesen sido leídas especialmente para él, salió en seguida de la iglesia e hizo donación a los aldeanos de las posesiones heredadas de sus padres (tenía trescientas parcelas fértiles y muy hermosas), con el fin de evitar toda inquietud para sí y para su hermana. Vendió también todos sus bienes muebles y repartió entre los pobres la considerable cantidad resultante de esta venta, reservando sólo una pequeña parte para su hermana.

Habiendo vuelto a entrar en la iglesia, oyó aquellas palabras del Señor en el Evangelio: «No os agobiéis por el mañana».

Saliendo otra vez, dio a los necesitados incluso lo poco que se había reservado, ya que no soportaba que quedase su poder ni la más mínima cantidad. Encomendó su hermana a unas vírgenes que él sabía eran de confianza y cuidó de que recibiese una conveniente educación; en cuanto a él, a partir de entonces, libre ya de cuidados ajenos, emprendió en frente de su misma casa una vida de ascetismo y de intensa mortificación.

Trabajaba con sus propias manos, ya que conocía aquella afirmación de la Escritura: El que no trabaja que no coma; lo que ganaba con su trabajo lo destinaba parte a su propio sustento, parte a los pobres.

Oraba con mucha frecuencia, ya que había aprendido que es necesario retirarse para ser constantes en orar: en efecto, ponía tanta atención en la lectura, que retenía todo lo que había leído, hasta tal punto que llego un momento en que su memoria suplía los libros.

Todos los habitantes del lugar, y todos los hombres honrados, cuya compañía frecuentaba, al ver su conducta, lo llamaban amigo de Dios; y todos lo amaban como a un hijo o como a un hermano.

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