Villacañas se moviliza contra la basuraleza

Villacañas se moviliza contra la basuraleza

Cruz Roja Villacañas, a través de su voluntariado, ha participado en la recogida de residuos.

En Madridejos también ha habido recogida de basuraleza.

En ambos municipios han participado casi unas cien personas que forman parte del millar que ha participado en toda España.

Villacañas ha demostrado hoy su compromiso contra la basuraleza al unirse al Proyecto LIBERA, de SEO/BirdLife en alianza con Ecoembes, quien ha organizado la quinta edición de “1m2 contra la basuraleza”, la gran recogida colaborativa de residuos abandonados en la naturaleza a nivel nacional, y que hoy ha estado presente en Villacañas, uno de los puntos elegidos de la región de Castilla-La Mancha.

Este sábado se han estado recogiendo residuos en la naturaleza en Villacañas, donde ha participado el voluntariado de Cruz Roja, y se esperan recogidas en 76 puntos más en la región, y en más de 1000 a nivel nacional, según ha informado la responsable de comunicación de Cruz Roja, Silvia Bellomo.

La recogida de residuos pertenece al proyecto ‘LIBERA, unidos contra la basuraleza’ que nació en el año 2017 para frenar las consecuencias de la basura abandonada en los espacios naturales, la basuraleza, en los diferentes ecosistemas españoles.

Fue creado por la ONG ambiental decana de España, SEO/BirdLife, en alianza con Ecoembes, la organización medioambiental sin ánimo de lucro que promueve la economía circular a través del reciclaje de los envases.

El objetivo de esta iniciativa es concienciar y movilizar a la ciudadanía para mantener los espacios naturales libres de basura y que podamos, de esta manera, liberar mucha más vida en favor de la biodiversidad. Para ello, desde LIBERA planteamos un abordaje integral del problema, en tres ejes de acción: conocimiento, prevención y participación.

El incipiente aumento de escombros y residuos en la naturaleza ha ocasionado que el hábitat natural de varias especies se vea degradada. Existen análisis hasta la fecha que asocian a entre 800 y 1.400 especies con el littering, eso solo en los océanos y entornos acuáticos.  Al menos una treintena de ellas estudiadas en España, según informan fuentes del Proyecto Libera Unidos contra la Naturleza, en el que participan SEOBirdLife y Ecoembes.

La comunidad científica e internacional coinciden a la hora de alertar sobre los posibles impactos del abandono de basuras en la naturaleza. Sin embargo, en medio de esta gran llamada a la acción, surge un obstáculo: el propio término littering. No está incluido en el Diccionario de la Lengua Española de la RAE y las posibles traducciones propuestas por distintas instituciones no siempre responden a la realidad del fenómeno ni contribuyen, de forma satisfactoria, a superar el reto de informar a la opinión pública sobre la envergadura del problema y cómo ser parte de la solución.  En inglés, la propia palabra littering puede generar confusiones porque también se emplea en contextos de suciedad urbana o para aludir a la hojarasca y a los desechos orgánicos.

Por todo ello, y tras consultar con expertos e investigadores especializados en biodiversidad, Libera, la inicativa de SEO/Birdlife en alianza con Ecoembes para liberar a la naturaleza de basura, propone una palabra alternativa que, al menos en español, ayude a concienciar y prevenir el littering: basuraleza.

Otra conclusión generalizada en la literatura científica es que la dimensión y complejidad del problema requiere de más investigación. De hecho, comienzan a alzarse las voces que sitúan a la basuraleza como un agente del cambio global, el conjunto de cambios en el medio ambiente provocados por el ser humano, que incluye realidades como el efecto de las emisiones de gases de efecto invernadero, la pérdida de especies y de espacios naturales como consecuencia de la destrucción de hábitat, el urbanismo descontrolado o la intensificación agraria.

Basuraleza y vida silvestre

El impacto de la basuraleza sobre la vida silvestre es, quizá, uno de los campos mejor analizados hasta la fecha, especialmente en el medio marino. Y las cifras no paran de crecer: en 1997, una exhaustiva revisión contabilizaba 247 especies afectadas. Nueve años después, en 2016, un nuevo informe triplicaba el dato hasta las 800[ii] especies, aunque para entonces ya se empezaban a conocer estimas por encima de las 1.400 especies marinas y acuáticas asociadas con la basuraleza.

La incidencia es especialmente grave en el caso de fauna y flora amenazada.  Por el momento, se estima que un 17% de las especies afectadas por la basuraleza forma parte de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Es el caso, por ejemplo, de la tortuga boba o del oso marino ártico, ambas catalogadas en situación vulnerable. Las aves marinas, como la pardela cenicienta o la pardela balear, tampoco se escapan a la catástrofe ambiental que supone la naturaleza. Un reciente estudio calcula que el 90% de las aves marinas han ingerido plástico y que, de seguir así, el número llegará al 99% en 2050.

¿Y qué ocurre con las especies terrestres? Los estudios en estos entornos son significativamente inferiores a los realizados en el mar.  Por eso, las apelaciones a un mayor esfuerzo investigador son más comunes. Ya existen análisis que sugieren que el impacto de la basuraleza terrestre podría ser mayor que la de los océanos. No en vano, la mayor parte de los residuos que acaban en el océano provienen de  tierra firme.

Aún más investigación

De igual modo, parece que quedan huecos por rellenar en el estudio de la distribución y composición de la basuraleza, en su origen o en su monitorización. Especialmente, una vez más, en entornos terrestres y acuáticos. Hasta la fecha, la presencia de materiales plásticos es la mejor documentada, pero la literatura científica también apunta a la conveniencia de analizar el impacto de los microplásticos y naplásticos que se extraen de la ropa o los cosméticos, de los residuos metálicos (por ejemplo, el tóxico plomo), o de otros restos como las ubicuas toallitas desechables o las igualmente ubicuas colillas. De los casi 6 billones que se producen al año, 4,5 billones acaban formando parte de la basuraleza.

Todos estos datos refuerzan la creciente necesidad de obtener un mayor conocimiento de la basura que termina en nuestros entornos naturales para poder ofrecer soluciones efectivas.

La solución está en manos de todos

Cada persona cuenta. Cada acción cuenta. Un bastoncillo tirado por el inodoro en España puede terminar interactuando con un caballito de mar en una prístina isla del Pacífico. Tampoco conviene olvidar que uno de los principales retos para atajar este problema es abordarlo a escala global y desde la cooperación internacional.

Por este motivo, es necesario que todos los agentes trabajen alineados, a nivel local, nacional e internacional, para erradicar un problema que va en aumento: las administraciones, mejorando la gestión de los residuos y cooperando para ayudar a las regiones y países que no cuentan con los mismos recursos para gestionar sus residuos; las empresas, reduciendo y gestionando sus residuos; y los consumidores, realizando una correcta gestión de los mismos.

LIBERA surgió para contribuir a la erradicación de la basuraleza para evitar que impacte y menoscabe el capital natural del planeta, clave para la vida humana. Y continuará haciéndolo a través los pilares fundamentales del proyecto: conocimiento, prevención y participación. Desde sus proyectos de ciencia ciudadana, conservación y recuperación de espacios naturales, LIBERA pretende lograr una mayor concienciación y educación ambiental, que permita profundizar en el avance hacia una economía circular.

El abandono de residuos en entornos naturales se ha convertido en una catástrofe ambiental de dimensiones abrumadoras que afecta, no solo a la flora y fauna, sino también al ser humano. Con basuraleza queremos intentar llegar a toda la ciudadanía, que comprendan la gravedad de esta problemática que ya está presente en cualquier ecosistema del planeta.

Estamos todavía a tiempo, hay solución. Así, desde LIBERA hemos querido, a través de una palabra que no está en el diccionario, seguir trabajando a través de nuestros pilares, ya que la solución a este problema no solo es necesaria, sino también factible”, ha afirmado Nieves Rey, directora de Comunicación y Marketing de Ecoembes.

La basuraleza está lejos de ser un problema meramente estético o secundario. Aunque queda mucho camino por recorrer en el ámbito científico, la evidencia es incontestable: estamos ante una catástrofe ambiental  que requiere de acción de todas y todos. Todo es ciudadanía, sectores productivos y administraciones en todos los niveles, desde el local al internacional. La basuraleza no es solo la escombrera ilegal o la isla de plástico del Pacífico. Es cada colilla, cada papel de aluminio para el bocata o cada envoltorio que se abandona en la naturaleza. Ese acto puede tener efectos directos, por ejemplo en la degradación o destrucción de hábitat, e indirectos, ya que la presencia dispersa de basuraleza en casi cualquier ambiente puede convertirse en una fuente de contaminación difusa, a menudo invisible, pero de consecuencias impredecibles a gran escala”, explica el responsable del área Social de SEO/BirdLife, Federico García.

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