EL ARZOBISPO DE TOLEDO PIDE QUE SE VIVA EL SÍNODO AL QUE CONVOCA EL PAPA FRANCISCO

Comienza la fase diocesana del Sínodo.

La Archidiócesis de Toledo vivirá su propio Sínodo en el año 2023 para el que ya se está preparando.

Un total de 273 velas representaron a cada una de las parroquias que conforman la archidiócesis de Toledo, ayer en la apertura del Sínodo Diocesano en la Catedral Primada.

A las seis de esta tarde de este domingo, en al baptisterio de la Catedral Primada, daba comienzo la celebración de apertura de la fase diocesana de la Asamblea del Sínodo de los Obispos, que ha convocado el Papa Francisco, y que se celebrará en El Vaticano en octubre del año 2023. Con esta convocatoria, «el Papa Francisco invita a toda la Iglesia a interrogarse sobre la sinodalidad, un tema decisivo para la vida y la misión de la Iglesia» .

Según informa desde la Archidiócesis de Toledo el sacerdote, Juan Francisco Pacheco Carrasco, la celebración estuvo presidida por el Arzobispo de Toledo, Monseñor Francisco Cerro Chaves, junto al que han concelebrado el arzobispo emérito, Monseñor Braulio Rodríguez Plaza, el obispo emérito de Segovia, Monseñor Ángel Rubio Castro, y más de un centenar de sacerdotes de la archidiócesis. Además, en la celebración anunciaba que la colecta realizada se destinará a ayudar a los damnificados por la erupción del volcán en la isla de La Palma, a través de Cáritas Diocesana.

Acto penitencial

La celebración ha comenzado en el baptisterio del templo primado, donde, tal y como anunció don Francisco Cerro, se ha celebrado el acto penitencial, en el que pidió perdón a Dios «por los pecados del Pueblo de Dios, sacerdotes, vida consagrada y laicos, y las negligencias en el cuidado y respeto del templo». También se ha pedido perdón «por las faltas de docilidad y comunión con el Santo Padre y el Colegio de los sucesores de los Apóstoles; por los pecados contra la unidad y la comunión en la Iglesia, por las críticas destructivas, intencionadas o inconscientes y superficiales».

Además, todos los asistentes pidieron perdón al Señor «por todas las opresiones, injusticias, violencia que atentan contra la libertad y los derechos del hombre en el plano político, social, laboral y familiar», y por «las inmoralidades y corrupciones que condicionan y empujan al individuo a una degradación moral o física, disuelven los vínculos familiares y desenfocan los verdaderos valores de la vida». Finalmente, se pidió perdón «por los escándalos y por los abusos a las personas vulnerables».

Tras el acto penitencial y la profesión de fe, la celebración continuó en el altar del templo primado ubicado delante de la Puerta de los Leones.

Llamada a la comunión y a la participación con tres claves, en unión con el Papa Francisco

Monseñor Cerro, al comienzo de su homilía subrayaba que “nos unimos a toda la Iglesia universal que con el papa Francisco nos ha convocado a esta realidad. Nosotros lo hacemos, como se hace en todos los sínodos, pidiendo perdón, arrepintiéndonos de  nuestros pecados y viviendo en esa clave fundamental de conversión”.

El Arzobispo de Toledo explicaba el sentido de la conversión, indicando que se trata de “volver la mirada una y otra vez a Cristo. Nadie está convertido totalmente. Todos estamos necesitados en nuestra vida de cambiar el corazón.”

A continuación, el prelado glosó el texto evangélico que se ha proclamado en la liturgia de la Palabra, el de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35). Para ello se ha sirvió de tres claves que “nos ha dado el papa Francisco” indicaba Monseñor Cerro subrayando que él presenta el mismo esquema del Santo Padre.

La primera de las claves que Monseñor Cerro presentaba fue la comunión, subrayando e insistiendo que “no habrá comunión mientras no vivamos unidos a Cristo y todas las dificultades y problemas que tengamos los solucionaremos juntos, si miramos a Jesucristo; como nos repite continuamente el Papa Francisco”.

En este sentido, abundaba que “los discípulos de Emaús, tras salir del cenáculo,  representan a la Iglesia que quiere estar en salida, que quiere ir a los pobres, a los que sufren; van caminando pero han cometido un error. No deberían dejar esa comunión plena con la Iglesia que se realiza en el cenáculo, donde está la Eucaristía, el perdón de los pecados, donde está María y donde está Pedro, donde están los apóstoles.”

En palabras del Primado, los discípulos de Emaús hacían una “experiencia de desaliento”. Insistió que las “tres letras más peligrosas de la vida cristiana son la del desaliento, la del desánimo y la de la desconfianza”. A continuación exclamó: “¡Nada de desaliento, nada de desánimo y nada de desconfianza porque sabemos de quien nos hemos fiado, que es el Señor. Y Él nunca nos falla”.

Seguidamente, el Arzobispo de Toledo presentaba la segunda clave: la participación. Monseñor Cerro indicaba que los de Emaús “proclaman el kerigma pero no lo hacen completo porque se quedan en la cruz y el sufrimiento y no pasan al gozo y a la alegría de la resurrección. A los que aman a Dios todo les sirve para su bien.” Y quiso recordar una frase del P. Jean-Baptiste Henri Lacordaire, OP: “Si quieres ser feliz toda tu vida, perdona”.

Insistió don Francisco: “La mayor expresión del amor es vivir con el corazón que perdona. La persona que perdona es la persona que más ama. La persona que no perdona ama poco, no ama casi nada.

La tercera clave propuesta por el Arzobispo de Toledo fue reflexionar cómo Jesús nos sitúa en esta Iglesia “con sus problemas y dificultades”. Y en este sentido subrayó, parafraseando las palabras del Evangelio: “Todo lo que ocurre en nuestra vida era necesario para entrar en su gloria“.

Monseñor Cerro indicaba y deseaba que “seamos capaces de vivir este sínodo que nos convoca el Papa y posteriormente comenzar nuestro Sínodo diocesano con esos tres grandes subrayados: los laicos, la vida consagrada y los sacerdotes.”

Ha concluido su homilía pidiendo “que el Señor se quede con nosotros; que aliente nuestra conversión, nuestra purificación, nuestra penitencia para que salgamos con una vida nueva a la que el Señor nos llama“.

El signo de la misión

Tras la homilía, la Eucaristía continuaba según las directrices marcadas por la Santa Sede y por la Conferencia Episcopal Española para esta celebración. Así, un representante de cada uno de los arciprestazgos de la archidiócesis ha depositado una lámpara encendida ante el icono de la Virgen de Częstochowa. Un total de 273 velas han representado a cada una de las parroquias que conforman la archidiócesis de Toledo.

La celebración concluía con la entrega, como signo de la misión, de cada vela a las diferentes parroquias. Cada una de estas luminarias permanecerán encendidas en todos los actos parroquiales preparatorios del camino sinodal.

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