ESCRITO DOMINICAL DEL ARZOBISPO DE TOLEDO CON MOTIVO DE LA JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

«A LOS POBRES LOS TENÉIS SIEMPRE CON VOSOTROS»

Ante la Jornada Mundial de los Pobres Escrito dominical, el 14 de noviembre

«Deseo que la Jornada Mundial de los Pobres, que llega a su quinta edición, arraigue cada vez más en nuestras Iglesias locales y se abra a un movimiento de evangelización que, en primera instancia, salga al encuentro de los pobres, allí donde estén. No podemos esperar a que llamen a nuestra puerta, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se escon- den, en los centros de refugio y acogida… Es importante entender cómo se sienten, qué perciben y qué deseos tienen en el corazón».

Así se expresa el Papa Francisco, en su mensaje con ocasión de la V Jornada Mundial de los Pobres, que celebramos este domingo, 14 de noviembre, trigésimo tercero del Tiempo ordinario, con el lema: «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7).

Dos objetivos nos señala, pues, el Santo Padre: que esta jornada arraigue y que sea una jor- nada que impulse la evangelización. O sea, que llegue a ser una de las grandes Jornadas de re- flexión, oración y acción de la Iglesia Católica, en la que manifieste de manera expresiva su amor preferencial por los pobres; y que se avive, no sólo la evangelización dirigida a los pobres, sino la que ellos realizan en nosotros.

Efectivamente, la Jornada Mundial de los Pobres no es una jornada para hacer algo «por» los pobres, en favor de los pobres, una colecta, por ejemplo, sino para hacer algo «con» los po- bres. Una jornada que debe ser vivida por toda la Iglesia –diócesis, parroquias, comunidades, movimientos, asociaciones, instituciones– como un momento privilegiado de nueva evangeliza- ción: un momento en que nos abrimos a los pobres y nos dejamos evangelizar por ellos; un mo- mento en el que nos tendemos recíprocamente las manos unos a otros, ya que habiendo sido los primeros en ser evangelizados y llamados a compartir la bienaventuranza del Señor y su Reino se han convertido en los grandes evangelizadores. Hasta el punto de que la fuerza salvífica de sus vidas nos debe llevar a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia.

¿Por qué este deseo tan vivo del Papa en que toda la Iglesia se prepare a vivir el aconteci- miento de la Jornada Mundial? Porque el amor de Dios a los pobres es uno de los contenidos centrales de toda la Sagrada Escritura y, particularmente del Evangelio. El Papa llega a decir que

«quienes no reconocen a los pobres traicionan la enseñanza de Jesús y no pueden ser sus discí- pulos». Y, eso ¿por qué? Porque Jesús no sólo está de parte de los pobres, no sólo comparte con ellos su misma suerte, es que el primer pobre es Él, el más pobre entre los pobres, porque los representa a todos.

Los pobres le pertenecen a la Iglesia por derecho evangélico: «Me ha enviado a evangelizar a los pobres» (Lc 4, 18), y por imperativo bíblico: «Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?» (1 Juan 3, 17); es decir, ¿cómo puede considerarse en gracia de Dios?

La Jornada Mundial de los Pobres nos ayude a no dejarnos arrastrar por el egoísmo ciego o la tibia comodidad.

La Virgen María, fue «de prisa», «con prontitud», ¡con urgencia! a la montaña. La caridad no puede esperar, tiene prisa. La caridad no puede ser perezosa. La caridad siempre me exige un salir de mí mismo y de mi comodidad para ir al otro, que me necesita, que me interpela, que me espera, que me anuncia el reino de Dios.

Pedimos a Santa María de Guadalupe, Madre de los pobres, para que arraigue en nuestro corazón esta jornada y que nos ayude a vivir el Evangelio puro y duro.

✠ FRANCISCO CERRO CHAVES

Arzobispo de Toledo Primado de España

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