Fedeto descarta el optimismo económico y laboral para el último trimestre del año

Fedeto ha celebrado su Asamblea General Ordinaria con la participación de los miembros del Comité Ejecutivo y de la Junta Directiva de la organización empresarial. En su intervención, el presidente Javier de Antonio Arribas, ha apuntado al pesimismo económico y laboral en el escenario del último trimestre del año 2022, que se extenderá con total seguridad al primero del siguiente año.

De Antonio señala al gobierno de España que desde el año 2021 no ha tomado medidas que puedan paliar la grave situación que se cierne en el actual panorama económico de nuestro país.

Rechaza una vez más que los indicadores económicos tan críticos se hayan generado como consecuencia de la guerra de Rusia contra Ucrania. Si bien es cierto que poco a poco se capilarizan sus negativas consecuencias en la actividad económica de España.

La recaudación de impuestos del primer trimestre de 2021 subió un 15% con respeto al primer trimestre de 2020. En 2022 ha subido, de momento, más de un 20% con respecto a 2021.

La presión fiscal en los últimos cuatro años ha subido 4% en relación al PIB, mientras que la renta media en España ha caído un 2% y el gasto público ha crecido un 20%.

El presidente de Fedeto lamenta las medidas populistas del gobierno central, además de electoralistas y por tanto desesperadas.

Les enviamos la intervención íntegra del presidente de Fedeto, Javier de Antonio, en la Asamblea General Ordinaria celebrada en las instalaciones de la organización empresarial en Talavera de la Reina.

“Me hubiera gustado que mi primer discurso en una Asamblea General Ordinaria fuera optimista, pero las circunstancias no me lo ponen nada fácil.

Desde 2020, por supuesto en 2021, pero también en 2022, los empresarios lo tenemos todo en contra y muy poco a favor.

Desde finales de 2020 se preveía que habría una inflación después del Covid, algo que se confirmó a mediados del año pasado cuando los precios empezaron a subir. Sin embargo, el gobierno de España no adoptó medidas adecuadas para paliar esta situación en 2021 y se sigue resistiendo a adoptarlas en 2022.

Se nos dice que todos nuestros problemas proceden de la guerra de Ucrania y no es cierto. La guerra de Ucrania no generó esta situación, sólo la ha empeorado.

Se nos dijo que la inflación iba a ser algo coyuntural, pero está durando más de lo previsto y, a fecha de hoy, se sitúa en el 10,2%. La inflación subyacente alcanza el 5.5%, tres puntos y medio por encima de lo que se considera normal.

El incremento desbocado de la inflación supone un grave perjuicio y un empobrecimiento para todos, tanto para las familias como para las empresas y sus trabajadores.

En nuestra provincia, el 73% de las empresas ha experimentado un aumento adicional en sus costes de producción, como consecuencia del encarecimiento de las materias primas y de la energía. Sólo algo más del 41% lo han trasladado a sus precios finales. Esto supone una clara caída de los márgenes empresariales y se debe al incremento de los precios de las materias primas y a la subida de los costes de la energía cuya tasa interanual ha llegado hasta el 40,8%, un 34,2% en el mes de mayo.

El precio del petróleo, en junio, se situó en una media de 127,4$/barril, el más elevado desde 2008, con un crecimiento anual del 73,8% en dólares y del 98,3% en euros, debido a la fortaleza del dólar. El precio medio en lo que va de mes es de 119,4 $/barril, lo que supone incrementos interanuales del 57% en dólares y del 84% en euros por la debilidad de la moneda europea, que cotiza en mínimos frente al dólar.

En este complicado escenario, los Bancos Centrales anuncian subidas de los tipos de interés. Esperemos que lo hagan sin pasarse de la raya, porque, si los suben mucho, pueden estrangular la economía y ese es el camino más directo a la recesión.

Y todo apunta a que, a partir del mes de septiembre, la situación se va a complicar. Nos esperan un otoño y un invierno muy difíciles en los que la incertidumbre y el deterioro económico van a ser la tónica general.

Los empresarios hemos propuesto diversas medidas al gobierno, para poder afrontar esta situación, entre otras, una bajada de impuestos a las empresas, para aliviar sus costes y contribuir a amortiguar los precios, pero el gobierno no hace caso.

La inflación no parece preocuparle en absoluto. Debe ser porque cuanto más suben los precios más recauda el Estado y se amortiguan mejor nuestros abultados déficit y deuda pública.

La recaudación de impuestos del primer trimestre de 2021 subió un 15% con respeto al primer trimestre de 2020. En 2022 ha subido, de momento, más de un 20% con respecto a 2021.

La presión fiscal en los últimos cuatro años ha subido 4% en relación al PIB, mientras que la renta media en España ha caído un 2% y el gasto público ha crecido un 20%.

Esta realidad nos muestra que el Estado cada vez es más rico, mientras que los españoles, particularmente, las pymes y autónomos, somos cada vez más pobres.

Aun así, se nos dice tercamente que nuestra presión fiscal es inferior a la europea. Y es que tratan de justificar a toda costa nuevas subidas de impuestos.

Según los datos de PIB y recaudación para 2021 la presión fiscal empresarial ese año ascendió al 12%, sin considerar el diferencial

que significa la economía sumergida, ya que, si tenemos este factor en cuenta, la presión fiscal empresarial en España sería de un 15% frente al 11,1% de la Unión Europea.

Se olvidan de que en España tenemos una renta per cápita inferior a la media europea, el doble de tasa de paro que Europa y una economía sumergida que se cifra en el 24% del PIB.

Esta desventaja queda aún más de manifiesto si analizamos otro indicador: el de la contribución de las empresas a la recaudación total española. En España, en 2018, último dato conocido, las empresas aportaron el 31,9% del total de ingresos públicos, mientras que, en la Unión Europea, en promedio, las empresas sólo aportaron el 24,6% del total de la recaudación.

Esto revela que la presión fiscal y la contribución empresarial a la recaudación total en España eran, ya en 2018, superiores a la media de la Unión Europea.

La conclusión es que los que pagan impuestos en España sufren un esfuerzo fiscal desproporcionado con respecto a la media no sólo de Europa, sino de toda la OCDE.

En un escenario de subida de tipos de interés, la creación de nuevos impuestos o el incremento de los existentes por parte del gobierno supone una barrera añadida para las empresas. Así es imposible iniciar el camino hacia la recuperación.

Pero, claro, ¿cómo no van a pretender crear o subir los impuestos, con la abultada deuda pública que tenemos, nuestro excesivo déficit público y el gasto público ineficiente que soportamos? Porque la eficiencia del gasto público en España es un 14% inferior a la media de la OCDE. Nuestro país se sitúa en el puesto 26 de los 36 países de la OCDE en eficiencia del gasto público.

Esto supone una gran injusticia social, ya que una parte del esfuerzo contributivo de los ciudadanos y de los empresarios no sirve para mejorar de los servicios públicos, sino que se pierde en gasto público innecesario que, en 2022, ha alcanzado la nada desdeñable cantidad de 60.000 millones de euros, que es, más o menos, lo que se recauda por IVA en todo un año.

Pero el gobierno y los sindicatos insisten en que no hay que bajar los impuestos porque hay que redistribuir la riqueza. No se han dado cuenta de que nuestra riqueza se ha devaluado más de 10 puntos por efecto de una inflación que no deriva de que las empresas ganen más, sino de que los costes de producción han subido estratosféricamente como consecuencia de los altos costes de las materias primas y de la energía.

Particularmente, nuestra política energética, desde hace décadas, provoca, ahora, que no podamos hacer frente a los desproporcionados y abusivos precios de la energía en España. Por culpa de esas políticas, el precio de la energía se ha convertido en un auténtico lastre para la competitividad de las empresas.

El problema de fondo es el mercado, eso todos lo sabemos, pero también sabemos que más del 50% de lo que pagamos por la energía son impuestos.

Esto se hubiera evitado si, a lo largo de esas décadas se hubiera conformado el pool energético que demandábamos las organizaciones empresariales, para reducir nuestra dependencia del exterior.

Los empresarios estamos dispuestos a buscar soluciones partiendo de una premisa: todos debemos asumir los costes de la crisis, no sólo las empresas a base de impuestos y cotizaciones sociales.

En unos momentos como estos la negociación entre los empresarios, los sindicatos y el gobierno es más necesaria que nunca. Sin embargo, la negociación entre CEOE, UGT y CCOO se ha roto por las diferencias que existen en cuanto a las subidas salariales.

Lo que sucede es que entre los sindicatos y la patronal hay una distancia infinita en cuanto al modelo que debe seguirse para aplicar las subidas salariales. Y así es muy difícil ponerse de acuerdo ni en pactos de renta ni en acuerdos para la negociación colectiva. Sobre todo, si una parte del gobierno apoya las demandas, sin fisuras, las demandas sindicales.

Los empresarios no nos negamos a subir los salarios, simplemente nos oponemos a hacerlo tal y como proponen los sindicatos, porque lo que proponen provocaría un incremento de costes desproporcionado y daría lugar a nuevas subidas de precios. En definitiva, lo que proponen los sindicatos convertiría la inflación en estructural.

Y, para colmo, los sindicatos se manifiestan en la sede de FEDETO y en las sedes del resto de patronales provinciales de España, para culparnos a los empresarios de esta situación ¿Tenemos los empresarios la culpa de la inflación? ¿Tenemos, acaso, la culpa de que el gobierno no haya adoptado medidas adecuadas para mitigar sus consecuencias?

Sin duda, que las manifestaciones sindicales se dirijan contra los empresarios es maquillar la realidad, para confundir a la opinión pública señalando a un falso culpable. Pero las presiones no pueden hacernos olvidar que hay que un escenario de aumentos de precios y e indexación de salarios a la inflación producirían efectos de segunda ronda.

Si analizamos las medidas del gobierno vemos que son populistas, desesperadas y electoralistas. Lo acabamos de ver la semana pasada en el debate sobre el estado de la nación. Son medidas que se han adoptado sin consulta previa en el marco del diálogo social y que no ofrecen soluciones reales a los problemas de elevada inflación que padecemos. Otros países de nuestro entorno establecen medidas sin subir los impuestos a las empresas.

Las medidas adoptadas, los anuncios improvisados y el desprestigio de nuestras instituciones son “cánceres” que hacen que España tenga una imagen que no genera confianza en el exterior. 

Con este panorama afrontamos un futuro incierto y complicado.

Por eso, aunque lo pretendía, mi discurso en esta Asamblea no puede ser optimista, sólo puede ser realista.

A todos vosotros, compromisarios, y a todos los empresarios de nuestra provincia, os animo a seguir luchando. Contad con FEDETO para todo lo que necesitéis.

Muchas gracias.”

¡Deja tu opinión!

Abrir chat
Hola! Estás en el WhatsApp de Mancha Digital
En que podemos ayudarte?